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BASÍLICA METROPOLITANA DE BOGOTÁ CATEDRAL PRIMADA DE COLOMBIA

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La Catedral Primada de Colombia

En general, La Catedral es la Iglesia donde está la sede del Obispo. La cátedra, es signo del magisterio y de la autoridad  del pastor de la Iglesia particular, y signo de la unidad de los creyentes en la fe que anuncia el Obispo como pastor de su rebaño. Además, La Catedral de la diócesis, que es, frecuentemente, luminosa expresión de arte y de piedad de los siglos pasados y contiene no pocas veces admirables obras de arte, se distingue especialmente, como su nombre indica, por la dignidad de tener la cátedra unión con el Apóstol Simón Pedro. Además La Catedral, en la majestad de su arquitectura, es señal del templo espiritual que se edifica en el interior de cada alma y brilla en el esplendor de la divina gracia, como dice el Apóstol: “Ustedes son templos del Dios vivo”.

Particularmente, La Catedral de Bogotá fue reconocida con el título honorífico de Primada de Colombia por el papa León XIII, a través del Decreto de la Congregación Consistorial del 7 de noviembre de 1902. Recibió además el título de Basílica (25 de mayo de 1907). Su nombre oficial es Santa Iglesia Catedral Primada Basílica Metropolitana de la Inmaculada Concepción en Bogotá.

Asimismo, fue declarada Monumento Nacional mediante el Decreto 1584 de 11 de agosto de 1975. Su actual edificación es resultado de una historia accidentada de varias construcciones, que dan comienzo con la sencilla iglesia pajiza, pese a no haber tenido el carácter de catedral. Durante más de tres siglos se llevan a cabo reconstrucciones y ampliaciones, hasta que, en 1785 un sismo sacude a la ciudad de Bogotá, afectado seriamente toda la edificación y obligando a las autoridades a emprender unas obras bajo la dirección del ingeniero Domingo Esquiaqui, que incluyen la expansión de La Catedral hacía los terrenos del antiguo hospital de San Pedro y el oratorio de San Felipe Neri.

Entrado el siglo XIX, se encarga la terminación de las obras al capuchino valenciano Fray Domingo de Petrés (1759-1811), y lo que en un principio se concibió como una serie de reparaciones y reformas menores, termina siendo una obra en su mayor parte nueva. Domingo de Petrés introduce el estilo neoclásico, siendo esta Catedral su principal exponente.

Desafortunadamente el arquitecto fallece en 1811 sin verla concluida, y es su discípulo Nicolás León quien tiene que llevar a punto la obra sorteando la escasez de recursos y los avatares de una época convulsionada por el proceso de independencia. La Catedral es finalmente consagrada el 19 de abril de 1823 por el obispo de Mérida Rafael Lasso de la Vega, es decir, hace 200 años.

A partir de la segunda mitad del siglo XIX, se comienza a reformar el interior de La Catedral. El tabernáculo del altar mayor es intervenido por el italiano Felipe Crosti; así mismo se instalan vitrales neogóticos y se comienza a adecuar el mobiliario al gusto de la época, donde predomina el neogótico y el neoclásico. Pero es en 1889 a la llegada del Arzobispo Ignacio Velasco, cuando se emprenden las mayores obras. Este Arzobispo es el primero que se atreve a eliminar el coro de los canónigos, originalmente ubicado en la nave central enfrentado hacia el altar, trasladando la sillería detrás del altar mayor. Este último también es derribado y sustituido por un ciborio que dura poco, puesto que el arzobispo Velasco muere en 1891 y es sucedido por Bernardo Herrera Restrepo, quien inicia una nueva etapa de cambios dentro y fuera de La Catedral. En 1904 el arzobispo obtiene el título de Primado de Colombia y por consiguiente también su Catedral; en 1907 se le otorga el título de Basílica Menor.

Aunque la fachada ya venía siendo reformada desde el sismo de 1827 cuando tuvieron que rebajar las torres, es en el siglo XX cuando el estado de deterioro y el desprendimiento de parte de una cornisa obliga a las autoridades eclesiásticas a emprender los arreglos, y para tal fin comisionan al arquitecto español Alfredo Rodríguez Orgaz quien finalmente los convence de una reconstrucción completa del segundo cuerpo comprendido por las torres y el imafronte, toda esta obra se realizaría con hormigón armado con recubrimiento de piedra. Solo unos años más tarde con las reformas litúrgicas del Concilio Vaticano II y la visita del Papa San Pablo VI a Colombia, se reforma el interior de La Catedral con desastrosas consecuencias para varios de sus bienes muebles.  

Finalmente, a comienzos de la década de 1990, se ve la necesidad apremiante de intervenir La Catedral, a cuyas reformas realizadas en los años sesenta se sumaba un estado de deterioro alarmante. La obra es delegada al canónigo Monseñor Juan Miguel Huertas Escallón, junto con los arquitectos Jaime Salcedo y Rafael Moure Erazo. Las obras comprendieron la restauración de los techos, bóvedas, actualización de redes y adecuación de varios espacios de La Catedral, e igualmente, la recuperación de los valores estéticos que le habían sido suprimidos.

En La Catedral Primada de Colombia son dignos de admirar, entre tantas y tantas admirables obras de arte: el Bautisterio, el Tránsito con la Capilla del Sagrario, el Coro de los Cantores –con el Órgano Tubular–, la Sacristía Mayor, el Presbiterio, el Deambulatorio y la Cúpula. Igualmente, las Capillas de San Pedro Apóstol, de Nuestra Señora del Carmen, de Santa Isabel de Hungría, de Santiago Matamoros, de Nuestra Señora de la Soledad, de San Juan Nepomuceno, de la Inmaculada Concepción, de San José, de las Ánimas (los fieles difuntos), del Sagrado Corazón de Jesús y, principalmente, las Capilla de Nuestra Señora del Topo y la Capilla del Sagrario.

Autor:
Monseñor Sergio Pulido Gutiérrez